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sábado, 21 de diciembre de 2013

Ghadames



Año y medio después de mi llegada al país, por fin lo he conseguido: he pasado un par de días en el Sáhara libiano, más concretamente en Ghadames, La Joya del Desierto.

Sin embargo, y como es habitual, el viaje empezó ya antes, con anecdotillas tenderiles y aeroportuarias.

miércoles, 11 de septiembre de 2013

Aventuras y desventuras de un pobre desgraciado I


La verdad es que tengo bastantes cosas que contar, pero entre el caloruzo que hace, los cortes de luz y ahora también los cortes de agua, no acabo de ponerme. Pero bueno, aquí os narro el tortuoso camino que me condujo a las vacaciones de verano.

lunes, 26 de agosto de 2013

Recuerdos del último Ramadán



Este año solo he pasado en Libia los primeros tres días del Ramadán, y no he intentado ayunar ni uno. Sin embargo, y de forma inevitable, he vivido los preliminares, y me he pasado después los tres días sin comer, beber ni fumar en público. 

Haciendo memoria, hay un par de cosas que me han llamado la atención durante esas dos semanas de tremenda anticipación, así que aquí os las pongo.

jueves, 27 de junio de 2013

Haciendo el bereber IV



Eran las seis de la mañana, los mosquitos se estaban poniendo morados con mi inocente sangre, en la habitación hacía un calor infernal… empapado en sudor, me levanté, vi a Hakím durmiendo en el otro extremo de la alfombra, y salí a la calle.

Había amanecido ya. Fuera, el ambiente era fresco y soplaba un poco el aire. Mi único acompañante en el exterior era el dromedario, que seguía viendo pasar las horas en la misma posición del día anterior.

domingo, 23 de junio de 2013

Diga treinta y tres IV



Apenas unos días después de habernos enfrentado a un radiografiado intensivo, Silke, Frímann y un servidor volvíamos a encontrarnos con Mohamed, dispuestos a someternos a la última, aunque no por ello menos terrorífica, fase del esperpento: el análisis de sangre.

lunes, 17 de junio de 2013

En el cine



Va para D, J y J, que existen en el plano físico de la realidad y no son la abuela ni la carretera.

Estaba ayer hablando en skype con dos de mis hermanos, cuando uno comentó: van a estrenar Superman, ¿pensáis ir a verla?

Ante el ataque de risa que me dio, mi hermano se apresuró a disculparse por nombrar la soga en casa del ahorcado, y es que en Trípoli los cines han sido erradicados de toda la ciudad.

¿Toda? ¡No! En un rincón del centro, un irreductible cine italiano resiste ahora y siempre a... no sé cómo acabar el chiste. El caso es que hoy he estado en el cine.

lunes, 27 de mayo de 2013

Diga treinta y tres III



Ya llevo más de un año aquí, y eso se nota, por ejemplo, en que comienzo a vivir cosas por segunda vez; ya se han repetido el día de la madre, el día del trabajo, y también mi momento favorito del año: la revisión médica.

Si os acordáis de cómo me fue la última vez, comprenderéis que la idea no me hacía especial ilusión. Sin embargo me sometí dócilmente al duro trance, y, como no hay mal que por bien no venga, tengo un par de anécdotas que contaros.

lunes, 6 de mayo de 2013

Manifa libiana



Procedo a seguir con el culebrón de la Ley de Aislamiento Político (PIL), la ley que prohibiría ocupar cargos oficiales a aquellos que ya los ocuparon durante la era de Gadafi. Nos quedamos el otro díaa las puertas de una masiva manifestación, convocada para el viernes 3 de mayo.

martes, 30 de abril de 2013

El viernes, misa y paella



Todo empezó hace algunas semanas, sentados los amigos junto a la tienda de Abu, en la Calle Blanca. Uno de ellos, Ahmed, me preguntó si conocía baila.

-         ¿Baila?
-         Baila – me quedé muy confuso; la palabra baila designa en árabe al síndrome de down, y en castellano ya sabéis.
-         ¿Qué quieres decir?
-         Baila, la comida española, arroz con marisco.
-         ¡Paella! – acabáramos - ¡claro que la conozco, y bien buena que está!
-         ¿Y sabes cocinarla?
-         Hombre, pues…
-         No se hable más; el viernes que viene nos vamos a mi granja y nos comemos una paella.

Ya estaba liada. Lógicamente, no podía negarle tan pequeña cosa a mis amigos de aquí, los mismos que me llevan de paseo aunque apenas hablo, que me ayudan cuando lo necesito, y que le dan color a la rutina diaria; sin embargo, he hecho tan solo tres paellas en mi vida, y las tres con los ingredientes adecuados, sin presión mediática y con una paellera…

Como no podía ser de otra forma, me declaré entusiasmado por la idea, y rápidamente me puse a buscar una receta sencilla en internet.


domingo, 17 de marzo de 2013

La tríada gastronómica II


La segunda sesión gastronómica con Abdulsalam, Abubakr y Hisham resultó más accidentada que la primera.

Todo comenzó a torcerse cuando Abubakr anunció que no podría acompañarnos el viernes, ya que tenía un compromiso en su pueblo; ante eso, Hisham propuso posponer la cita para el sábado. A mí se me encendieron todas las alarmas, ya que el sábado trabajo, y ya sé cómo se las gastan los libios con los horarios. Pedí que lo dejáramos para la semana siguiente, a lo que Hisham se negó:

-         Pero Hisham, yo el sábado trabajo, de hecho tengo clase con vosotros.
-         Claro, comemos y vamos todos a clase.
-         No, pero yo tengo que estar antes, entro a las tres.
-         ¿A las tres? ¡Pero si la clase es a las cuatro y cuarto!
-         Ya, pero tengo que preparar cosas. Y aunque no fuera así, es mi horario de trabajo, y tengo que ir a la hora que tengo que ir.
-         ¿Y no puedes avisar de que vas más tarde?
-         (conteniendo un suspiro) No, Hisham, tengo un horario de trabajo, y no puedo cambiarlo porque me voy a comer con los amigos.

lunes, 11 de marzo de 2013

Haciendo el bereber I


Hace ya un tiempo hice mi primera gran excursión, y no fue a cualquier parte: estuve nada menos que en la tierra de los bereberes.

Sí, sí, existen, bereber no es un insulto que se inventó el capitán Haddock, sino un pueblo muy grande que se extiende desde el Mediterráneo hasta el África negra, con una cultura milenaria, un idioma propio y un montón de tradiciones. Pero vayamos por partes.

Resulta que en Jadu (pronunciado Chadu), una pequeña ciudad dos horas al sur de Trípoli, había un festival de cultura bereber; Jadu es una de las ciudades bereber más importantes de Libia, junto a otras como Ghadamesh o Suwara.

Bien, yo sabía desde hacía tiempo que el festival iba a tener lugar, pero en fin, dado que las carreteras no son del todo seguras, y que de todos modos no tengo coche, ni me planteé la idea de desplazarme hasta allá; sin embargo, unos días antes del festival, un conocido libio me llamó y me preguntó si tenía ganas de acompañarle, ya que él estaba deseando ir, pero no quería hacerlo solo. ¿Qué le contesté? Podéis imaginarlo.

Este amiguete se llama Karím, y es de lo más peculiar que me he echado a la cara. Para empezar, es pelirrojo, más blanco que yo, y tiene pecas. Él dice que su familia proviene de Turquía, y por otro lado he oído que en Libia hay bastantes pelirrojos a causa de una etnia que vino de Siria hace muchos años. No tengo ni idea, el caso es que tiene una pinta guiri que no puede con ella.

Es todo un personaje: creyente acérrimo, disfruta rezando y leyendo el Corán; está a favor de la democracia y la libertad, pero siempre que estas respeten la tradición, así que sostiene, por poner un ejemplo, que ir a la playa en bikini no es libertad, ya que no respeta la tradición; en esa línea, lleva dos años prometido, pero apenas ha visto a su novia (tradición); le apasiona viajar, le encanta conocer gente distinta, y tiene mucha facilidad para los idiomas, aunque no se mete a fondo con ninguno; por último, es el único libio que conozco que habla árabe clásico en la vida diaria, según él, porque tiene que demostrar de alguna forma que es un hombre instruido.

Bien, Karím y yo nos encontramos para concretar los detalles del viaje, que se limitaron a esto: cogemos un taxi compartido hasta la ciudad, y una vez allí, alguien nos acogerá en su casa.

lunes, 4 de febrero de 2013

La tríada gastronómica I


1 de marzo

Hoy he vivido el primero de una serie de tres encuentros con un único objetivo: determinar cuál es el plato típico más sabroso de Libia. Los instigadores de semejante competición, en la que yo soy el improvisado árbitro, se llaman Abdulsalam, Abubaker y Hisham, y los tres son alumnos míos.

domingo, 3 de febrero de 2013

Maqueando el piso IV


La mañana de autos me levanté a las siete de la mañana, media hora antes de la cita acordada con Haiter. Seguro como estaba de que este llegaría como pronto a eso de las ocho (Libia y los horarios, ya sabéis), me fui a desayunar al bar de abajo.

El desayuno tradicional de los bares libios consiste en lo siguiente: café, zumo de naranja o batido de frutas (fresa, mango o plátano), y como plato fuerte bien croissant con chocolate, miel y almendras, o bien sándwich de queso o atún; yo suelo decantarme por el croissant, que aquí llaman biriosh (brioche, se entiende).

Estaba apurándome el café cuando Haiter llamó, a eso de las 7:35, y no llamó antes porque no le daban la furgoneta. Piensa mal y fallarás.

sábado, 2 de febrero de 2013

Maqueando el piso III


¿Cuánto tarda uno en cambiarse de piso? No hay estudios al respecto, pero la experiencia me dice que una mañana suele bastar; sin embargo, en Libia todo lleva un ritmo diferente, y el país no pierde ocasión de recordarme que mi vida no es ni de lejos el producto de mis decisiones, sino de todo lo que hay a mi alrededor.

Fue por eso que, aunque el glorioso día de mi (in’shallah) última mudanza libia cayó en sábado, el proceso se remonta al jueves anterior.

lunes, 21 de enero de 2013

Relaja paquete


Para mi tío, que con un chicle y un clip te construye un Mcgyver.

Desde hace unos años, los Pardos de mi casa y de casa de mis tíos solucionamos el stress de los regalos de reyes con un sencillo amigo invisible. La cosa es muy práctica, pero no deja de tener sus inconvenientes: un año le toqué a mi amantísima madre, la cual se olvidó de mi regalo; minutos después descubrí que el destino es a veces generoso, ya que en el sorteo para el año siguiente me tocó regalarle a ella (como diría Creti, la venganza es fría). Pero bueno, me estoy desviando.

Hace tres días Maria Valquiria me dio un alegrón en forma de recibo postal: resulta que me había llegado desde España el regalo de mi amigo invisible, y tenía que ir a Correos a recogerlo. Hoy mismo, aprovechando la mañana libre, he ido a por él, y me ha dado para escribir la entrada número cien de este blog.

martes, 30 de octubre de 2012

Buscando piso VII


Ahí seguimos, mis dear acompañantes, dale que te pego buscando un hogar. He visto unos cuantos pisos más, sobre todo gracias a que voy asumiendo mejor los métodos de búsqueda libios, es decir, le pregunto a todo quisqui si sabe de algún piso en alquiler; sin embargo, la historia más simpática no se la debo a mi recién estrenada pericia, sino, cómo no, a Hamza.

martes, 24 de abril de 2012

Primera salida de Trípoli


El viernes pasado Hamza me llevó de excursión. El plan era ver un palacete del siglo catapún situado en la costa, y luego ir a comer a Homs, una ciudad que, al parecer, conserva un bonito casco antiguo. Como podéis imaginaros, me puse muy contento, porque como de momento solo libro un día a la semana en el trabajo, y los medios de transporte libios te condenan a tener coche o no viajar, no he tenido (ni tengo) muchas expectativas de conocer otras partes del país; sin embargo, mi alegría fue prematura, ya que no tuve en cuenta el carácter libio, ni las numerosas enseñanzas que en mi tiempo aquí me ha sido dado recibir. El hombre es el único animal que bla, bla, bla.


domingo, 1 de abril de 2012

Buscando piso III


24 de marzo

La ruptura de las negociaciones entre mi frustrado casero y mi empresa ha desatado una pequeña crisis de gabinete; mi jefa, si bien me acoge con gusto, está acostumbrada a vivir sola y no acaba de agradarle tener a un antígeno como yo rondando por la casa. Yo, por mi parte, estoy deseando tener un sitio mío. Y para todos en general es un engorro ponerse a buscar otra vez, ya que llevar a cabo cualquier empresa, en Libia, cuesta mucho tiempo y paciencia.

Por suerte Mustafa recuerda que hablaron con otra persona a propósito de otro piso, menos céntrico pero más grande y barato. El proceso para concertar una cita, comenzando a eso de las once de la mañana, es más o menos el siguiente: