La segunda sesión gastronómica con
Abdulsalam, Abubakr y Hisham resultó más accidentada que la primera.
Todo comenzó a torcerse cuando Abubakr
anunció que no podría acompañarnos el viernes, ya que tenía un compromiso en su
pueblo; ante eso, Hisham propuso posponer la cita para el sábado. A mí se me
encendieron todas las alarmas, ya que el sábado trabajo, y ya sé cómo se las
gastan los libios con los horarios. Pedí que lo dejáramos para la semana
siguiente, a lo que Hisham se negó:
-
Pero
Hisham, yo el sábado trabajo, de hecho tengo clase con vosotros.
-
Claro,
comemos y vamos todos a clase.
-
No,
pero yo tengo que estar antes, entro a las tres.
-
¿A
las tres? ¡Pero si la clase es a las cuatro y cuarto!
-
Ya,
pero tengo que preparar cosas. Y aunque no fuera así, es mi horario de trabajo,
y tengo que ir a la hora que tengo que ir.
-
¿Y
no puedes avisar de que vas más tarde?
-
(conteniendo
un suspiro) No, Hisham, tengo un horario de trabajo, y no puedo cambiarlo
porque me voy a comer con los amigos.