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martes, 14 de enero de 2014

En la casa del conejo



En un agujero en el suelo vivía un hobbit. No un agujero húmedo, sucio, desagradable, lleno de restos de gusanos y olor a cieno, ni tampoco un agujero seco, vacío y polvoriento, sin un lugar para sentarse o comer: era un agujero-hobbit, y eso implica comodidad.

El Hobbit, J.R.R. Tolkien


Bueno, la verdad es que las casas-cueva de la Sierra de Nafusa nunca fueron habitadas por hobbits; además, sí que están muy polvorientas, al menos ahora que nadie vive en ellas… sin embargo, en Yefren visitamos una casa cueva digna del mismísimo Bilbo Bolsón.

martes, 7 de enero de 2014

Alcázares y miradores


No se puede decir que Libia haya sido nunca un destino turístico puntero, pero antes de la Revolución de 2011 había cierto flujo de visitantes; por lo general venían en viajes organizados, y los llevaban y traían del hotel a la visita guiada, de la visita guiada al hotel. El merodeo libre no estaba bien visto por el régimen, se prefería la foto rápida con el monumento de turno, y después directos a la cama. Algo que, por otro lado, parece gustarle a buena parte de los turistas.

Hoy en día, la situación inestable del país ha acabado con ese tímido sector turístico, que supuso un importante impulso económico para lugares como Ghadames o Khums (donde está Leptis Magna), declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Sin embargo, algunas empresas siguen abiertas, esperando optimistas que alguien contrate sus servicios. 

Pues bien, hace un tiempo le dimos un alegrón a una de ellas, ya que contratamos un viaje a la Sierra de Nafusa.

martes, 26 de noviembre de 2013

Hamza y la Ley de la Gravedad



Hace ya algún tiempo, Hamza me propuso hacer una excursión. El plan era acercarnos al pueblo del que es originaria su familia, y de paso visitar un par de enclaves “turísticos”, además de un abnormal place del que no quiso darme más explicaciones para no chafarme la sorpresa. Esto es lo que pasó.

viernes, 22 de noviembre de 2013

Al final, pasó



El viernes 15 de noviembre, Trípoli vivió su primera gran tragedia humana desde el final de la guerra. El goteo de inseguridad, secuestros, asesinatos y reyertas terminó por hartar a la ciudadanía y, ante sus protestas, la milicia mostró su verdadero rostro.

sábado, 21 de septiembre de 2013

Kabao maravillao

Va para mis amigos de Alcázar, por razones obvias.


Hace un par de semanas, Maria Valquiria y yo dedicamos el viernes a hacer turismo. Mi jefa sigue mostrando un punto de vista particular en lo que al trato con humanos se refiere, pero en honor a la verdad debo decir que se ha ido convirtiendo en una persona muy simpática, mucho más relajada, y eso me hace la vida más fácil.

El objetivo de nuestro viaje fue la ciudad bereber de Kabao, donde se encuentra uno de los mayores y mejor conservados Qasar de toda Libia.

jueves, 27 de junio de 2013

Haciendo el bereber IV



Eran las seis de la mañana, los mosquitos se estaban poniendo morados con mi inocente sangre, en la habitación hacía un calor infernal… empapado en sudor, me levanté, vi a Hakím durmiendo en el otro extremo de la alfombra, y salí a la calle.

Había amanecido ya. Fuera, el ambiente era fresco y soplaba un poco el aire. Mi único acompañante en el exterior era el dromedario, que seguía viendo pasar las horas en la misma posición del día anterior.

miércoles, 29 de mayo de 2013

Haciendo el bereber III



Nos habíamos quedado organizando el trayecto hacia la convivencia bereber de Wifat, otra pedanía de Jadu. El encuentro era uno de los actos centrales de todo el Festival Amazigh, y Omar, el almuédano que se había convertido en nuestro chófer, se ofreció a llevarnos hasta allí y a traernos después de vuelta.

Cuando llegamos a Wifat, nuestra primera parada fue la mezquita. Esta vez pasé de preguntar a nadie y entré directamente con Omar y Karím, me senté al fondo y estuve hojeando un Corán. He vivido para contarlo.


lunes, 22 de abril de 2013

Haciendo el bereber II



Karím accedió finalmente a rezar, y yo, aun a sabiendas de que mi presencia no era requerida, estaba lejos de resignarme a esperar en la puerta y perdérmelo todo.

lunes, 11 de marzo de 2013

Haciendo el bereber I


Hace ya un tiempo hice mi primera gran excursión, y no fue a cualquier parte: estuve nada menos que en la tierra de los bereberes.

Sí, sí, existen, bereber no es un insulto que se inventó el capitán Haddock, sino un pueblo muy grande que se extiende desde el Mediterráneo hasta el África negra, con una cultura milenaria, un idioma propio y un montón de tradiciones. Pero vayamos por partes.

Resulta que en Jadu (pronunciado Chadu), una pequeña ciudad dos horas al sur de Trípoli, había un festival de cultura bereber; Jadu es una de las ciudades bereber más importantes de Libia, junto a otras como Ghadamesh o Suwara.

Bien, yo sabía desde hacía tiempo que el festival iba a tener lugar, pero en fin, dado que las carreteras no son del todo seguras, y que de todos modos no tengo coche, ni me planteé la idea de desplazarme hasta allá; sin embargo, unos días antes del festival, un conocido libio me llamó y me preguntó si tenía ganas de acompañarle, ya que él estaba deseando ir, pero no quería hacerlo solo. ¿Qué le contesté? Podéis imaginarlo.

Este amiguete se llama Karím, y es de lo más peculiar que me he echado a la cara. Para empezar, es pelirrojo, más blanco que yo, y tiene pecas. Él dice que su familia proviene de Turquía, y por otro lado he oído que en Libia hay bastantes pelirrojos a causa de una etnia que vino de Siria hace muchos años. No tengo ni idea, el caso es que tiene una pinta guiri que no puede con ella.

Es todo un personaje: creyente acérrimo, disfruta rezando y leyendo el Corán; está a favor de la democracia y la libertad, pero siempre que estas respeten la tradición, así que sostiene, por poner un ejemplo, que ir a la playa en bikini no es libertad, ya que no respeta la tradición; en esa línea, lleva dos años prometido, pero apenas ha visto a su novia (tradición); le apasiona viajar, le encanta conocer gente distinta, y tiene mucha facilidad para los idiomas, aunque no se mete a fondo con ninguno; por último, es el único libio que conozco que habla árabe clásico en la vida diaria, según él, porque tiene que demostrar de alguna forma que es un hombre instruido.

Bien, Karím y yo nos encontramos para concretar los detalles del viaje, que se limitaron a esto: cogemos un taxi compartido hasta la ciudad, y una vez allí, alguien nos acogerá en su casa.