sábado, 3 de enero de 2015

Lo que el viento se llevó... fue a mí



Queridos acompañantes, os debo una disculpa por haber desaparecido. No tengo motivos que justifiquen tal comportamiento, pero aun así intentaré daros una explicación ahora que, habiéndome ido de Libia hace meses, se cierra este blog.

Todo empezó en abril con mi viaje a Egipto. Allí vi un mundo árabe distinto, en el que las mujeres van solas a los cafés y se fuman una narguile, en el que hay cines, bares, grupos de amigos mixtos, arte, o gente que no cree en la religión y puede decirlo sin (mucho) miedo. 

Cuando volví a Libia, no paraba de hacer comparaciones: no paraba de ver gente triste, aburrida, oprimida por sus propias tradiciones, tradiciones de las que nadie conoce el origen ni el beneficio que pueden dar, y que sin embargo se respetan a rajatabla, al menos de cara al exterior.

Esta sensación de descontento ya venía de atrás, hacía algún tiempo que notaba cómo mi tiempo en Libia estaba llegando a su fin. El caso es que esa sensación, magnificada por mi viaje a Egipto, me quitó todas las ganas de escribir, pero no sólo por eso dejé de hacerlo; tampoco quería escribir y transmitiros mi hastío, algo que no le hace ningún favor a nadie.

Hay algo más: mis artículos suelen ser humorísticos, y me parecía un poco cínico seguir por esa línea. 2014 no ha sido un buen año para Libia, la situación se ha ido enrareciendo paulatinamente desde enero, la gente iba perdiendo ganas, ilusión y esperanza a ojos vista. No es que pasara nada fuera de lo normal, era precisamente ese no pasar nada lo que estaba matando a los libios, porque cuando no pasa nada, al final todo va a peor.

Y efectivamente, todo fue a peor, especialmente a partir del verano. Yo ya no estaba allí, así que lo que sé vino a mí por las noticias y por amigos: combates en el aeropuerto de Trípoli, la capital tomada por la milicia de Misrata, un gobierno al oeste del país y otro al este… ¿cómo podía yo en esa situación publicar entradas sobre “qué mal conducen los libios” o “mis aventuras comprando alcohol de tapadillo con Hamza”?

Por lo que me cuentan, el ambiente del día a día en Trípoli es el habitual, pero hace ya mucho que “habitual” no significa “alegre y jovial”. De hecho, llegó un momento en el que dejé de decirle a la gente que me iba definitivamente, porque prácticamente todos reaccionaban igual: no me extraña que quieras irte, con esta mierda de país que tenemos.

Yo siempre he sido optimista, creo que pocos pueblos habrían aguantado tanto tiempo como el libio sin enzarzarse en un conflicto a gran escala, y eso debe significar algo. Sin embargo, es cierto que muchos conflictos a pequeña escala pueden acabar con la templanza de cualquier pueblo, y ya son muchos meses de mini-guerras en bastantes puntos del país. Personalmente, yo ya no sé qué pensar, y como ya no vivo allí, he decidido dejar de opinar.

Volviendo a mí, estaba diciendo que me fui de Libia. Me fui a mediados de junio, hace una eternidad, y he pensado mucho en algo: ¿qué he dejado en Libia? ¿Y qué me ha dejado Libia a mí?

Yo no he dejado mucho, pero he hecho amigos, y he procurado ser un buen amigo para ellos. Además, he enseñado alemán a mucha gente, y alguna de esa gente está ahora en Alemania, Suiza o Austria, formándose o trabajando. Quizá vuelvan a su país un día, y esos años fuera les ayuden a hacer que las cosas funcionen un poco mejor.

¿Qué me ha dejado Libia a mí?

No sé muy bien cómo contestar a eso. Por un lado, he pasado muchas horas bastante aburrido, lamentando que la situación e idiosincrasia del país no me permitieran viajar más, salir más, ver más. Esa parte no ha sido precisamente superguay.

Por otro lado, he visto y he hecho cosas que no habría visto ni hecho en ninguna otra parte del mundo. No me refiero simplemente a pasear por el desierto, conocer una ciudad desde sus tejados, o bailar al son de una gaita tocada por un libio-sudanés en falda. Quizá sea difícil de explicar, quizá suene a exageración, pero creo que Libia es un lugar único en el mundo, un sitio donde la manera de pensar y de vivir se parece bien poco a otras maneras de pensar y de vivir. Muchos otros guiris que allí he conocido son de la misma opinión, gente viajada, periodistas, diplomáticos, cooperantes: he vivido en muchos países, pero gente como los libios, eso no sé si lo he visto alguna vez.

Otra cosa que me ha ocurrido es que durante mi tiempo allí, en Libia, yo mismo me hice un poco libio. He vivido en Alemania, en Valencia, en Pamplona, y en ningún sitio me dijeron los nativos que era muy alemán, muy valenciano o muy navarro, pero en Libia sí.

Obviamente, hablar así es exagerado: llegué a Libia como un extranjero y como un extranjero me fui, y sin embargo creo que pocos extranjeros se han metido en tantos rincones raros de Trípoli, en tantas casas. Mucha gente no mostraba el menor interés por mí al conocerme, veían un forastero más y punto, pero su actitud cambiaba al oírme hablar su dialecto, al descubrir que sabía comer bazín sin atragantarme, al ver que había aprendido a saludar como uno de Zintan o como un bereber. Esas pequeñas cosas me han llevado a rincones muy libios, a compartir muchas cosas con ellos, sin necesidad de ser periodista o trabajador de ONG. Eso me lo llevo conmigo, ese saber que he visto poco de Libia, pero mucho de los libios.

Busquemos algo más concreto para cerrar la historia: ¿qué me ha dejado Libia? Os cuento algo que me pasó en mi último vuelo desde allí, una historieta que me parece bastante ilustrativa.

En esta última ocasión, mi vuelo de Trípoli a Madrid fue con escala en Túnez capital. Pues bien, haciendo el transbordo pasé por un control de seguridad, y el policía de turno estuvo un buen rato mirando la foto de mi pasaporte, luego mirándome a mí, luego mirando la foto, luego de nuevo a mí… no me pareció extraño: en la foto salgo con el pelo al rape y recién afeitado, mientras que en junio tenía el pelo por los hombros y una barba talibana que me había dejado crecer por ver si a mi madre le daba un síncope al verme.

Al final, el policía me habló:

-      ¿Este eres tú? – me preguntó sonriendo y en inglés.
-      Sí, soy yo – contesté primero en inglés, y después cambié al árabe -, lo que pasa que antes tenía el pelo corto, y ahora lo tengo largo.

La expresión del policía cambió radicalmente, y me dedicó un frío: ven conmigo.

Me llevó a un despacho donde había sentado otro policía, que se nos quedó mirando algo extrañado. Hablaron entre ellos en árabe:

-      ¿Qué pasa?
-      Nada, este tipo. Tiene pasaporte español y parece auténtico, pero la foto es rara, y además habla como un libio.

Como podéis imaginar, tuve un orgasmo lingüístico de dimensiones épicas.

No sé si, tras mis dos años allí, me he hecho un poco libio, pero está claro que he cambiado, así como mi mundo ha cambiado. No pienso ni trabajo como antes, no soy el mismo en los bares, ni siquiera veo la tele igual que antes, soy otro. Pasa siempre, pero creo que estos dos años han sido... no sé... han tenido más peso, han sido más de dos años.

¿Qué me ha dejado Libia para el futuro? Tampoco lo sé. Quizás algún día vuelva a escribir aquí, o quizá le haga caso a Mateu y me lance a escribir un libro. En cualquier caso espero volver a Libia, claro; tengo que visitar a Hamza, tengo que pasar más tiempo en el desierto, hay muchas cosas que quería hacer y no hice.

De momento, y hasta que Libia llegue a mi futuro, guardaré en la mente la Libia de mi pasado, la que me ha regalado imágenes, historias y palabras increíbles. En cuanto a vosotros, acompañantes, muchas gracias por leer el blog, y sobre todo gracias por los comentarios, que siempre me han hecho ilusión. Ahora estoy viviendo en otro nuevo país, así que igual volvemos a leernos.

¡Hasta la vista!





6 comentarios:

  1. Una gozada leer tu blog! Escribe un libro, o lo que te salga de la punta del pie, pero escribe 😑😑😑

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  2. Este año como cada año, nuestro tren parara en alguna estación, depende de cada uno de nosotros dejar ir a la tristezas, miedos, frustraciones, malos momentos, desamor. Agradece a cada uno de ellos.. su compañía y sus enseñanzas, aunque hayan sido dolorosas, déjalos ir, déjalos bajar de este tren. Deseo que en esta parada, a tu tren suban miles de bendiciones, sueños alcanzables, amor, abundancia, fuerza y determinación para seguir tu viaje.
    Hoy en mi vagón quedaran puestos desocupados y espero te sientes a mi lado para compartir junt@s este nuevo viaje. FELIZ NUEVO COMIENZO EN ESTE AÑO 2015!!!

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  3. ha sido un privilegio leerte. Nos has hecho entrar en un mundo que no conociamos, nos has contado cosas que en la vida habriamos escuchado sin ti. Espero verte pronto en Roma para que me cuentes mas "en vivo".
    Un abbraccio e alla prossima!!!!

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  4. Muchas gracias, Lorenzo, por estos años que has tenido abierto el blog.
    Gracias por compartir experiencias, anécdotas, viajes y tu vida cotidiana en Libia.
    Descubrí tu blog en un comentario que hiciste en “El País” y me llamó la atención qué estaría haciendo un español en Libia, un país del que conocía muy poco.
    Con el primer post tuyo que leí ya me quedé enganchado. En pocas líneas, contabas lo que nunca se conoce de un país si no vives en él: la vida normal, cómo es la gente, las costumbres... Todo ello, con un sano e inteligente humor. ¿Qué más se podía pedir?
    Estuve unos días leyendo “compulsivamente” todas las entradas anteriores para ponerme al día y disfruté lo indecible. Y, a partir de ahí, cada día entraba en el blog para ver qué nos contabas.
    No ha habido ningún post que no mereciera la pena leer y ha habido muchos que son auténticas joyas (ya sea por el interés de los temas que tratabas, por la manera de contarlos o por las fotos que incluías). Y todo generosamente.
    Te echaremos mucho de menos. Aunque, ¿quién sabe?, a lo mejor abres otro blog de ese nuevo país en el que vives.
    Espero que no cierres el “Crónica Libiana” para poder releerlo de vez en cuando.
    ¡Qué tengas una larga y provechosa vida!
    Hasta siempre

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    1. Muchas gracias, Mateu, es un placer que te suelten tantas flores. Si yo he sido un buen bloguero, tú has sido un magnífico lector, y creo que la última etapa de las crónicas (antes de la desaparición) hubiera sido menos rica en entradas, de no haber sabido por tus comentarios, los de Lucía y algunos otros, que alguien las estaba siguiendo, ¡me sentía en deuda!

      No lo cerraré ni lo mutilaré, a no ser que necesite material si me decido a seguir tu consejo y convertirlo en libro, así que ahí lo tienes para cuando te apetezca. Gracias muchas, y que tu vida sea igualmente larga y dichosa, ma salama!

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  5. Casi un año después, leo tu último post y me conmueve. Cómo siempre buen análisis y buena comunicación. No sé dónde estás ahora, pero si estás escribiendo en otro blog, avísame. Un abrazo y hasta pronto

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