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viernes, 14 de marzo de 2014

El genio local - Ghadames V



En anteriores entradas os habéis podido dar cuenta de que Ghadames es uno de los sitios más particulares y hermosos de Libia. Ghat y Nafusa conservan sus cascos históricos en estado semi ruinoso, mientras que Sabrata, Leptis Magna o Trípoli son el producto de potencias más o menos invasoras.

Ghadames es la combinación perfecta: una ciudad nacida del genio local, adornada por las aportaciones de otras culturas, y preservada gracias a la ayuda internacional y el turismo. En su remozado rostro, Ghadames se muestra como algo pura y genuinamente libio, retocado aquí y allá con una columna romana, un cuartel turco o un consulado francés.

Quizás precisamente debido a ello, Ghadames es un enclave muy, muy libio, y mi viaje allá fue rico en anécdotas libianas.

martes, 7 de enero de 2014

Alcázares y miradores


No se puede decir que Libia haya sido nunca un destino turístico puntero, pero antes de la Revolución de 2011 había cierto flujo de visitantes; por lo general venían en viajes organizados, y los llevaban y traían del hotel a la visita guiada, de la visita guiada al hotel. El merodeo libre no estaba bien visto por el régimen, se prefería la foto rápida con el monumento de turno, y después directos a la cama. Algo que, por otro lado, parece gustarle a buena parte de los turistas.

Hoy en día, la situación inestable del país ha acabado con ese tímido sector turístico, que supuso un importante impulso económico para lugares como Ghadames o Khums (donde está Leptis Magna), declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Sin embargo, algunas empresas siguen abiertas, esperando optimistas que alguien contrate sus servicios. 

Pues bien, hace un tiempo le dimos un alegrón a una de ellas, ya que contratamos un viaje a la Sierra de Nafusa.

domingo, 1 de diciembre de 2013

Namús


Llegué al piso el día anterior a la nochevieja de 2012, poco después del fin del mundo maya. Los propietarios ya se habían mudado, Rudolf estaba en Alemania disfrutando de su familia y de la cerveza con alcohol, todas las copias de la llave estaban en mi poder… la nueva situación parecía agradable y prometedora, pero mi recién estrenado hogar me deparaba una terrible sorpresa, un horror intenso e inesperado.

Porque no estaba solo.

martes, 26 de noviembre de 2013

Hamza y la Ley de la Gravedad



Hace ya algún tiempo, Hamza me propuso hacer una excursión. El plan era acercarnos al pueblo del que es originaria su familia, y de paso visitar un par de enclaves “turísticos”, además de un abnormal place del que no quiso darme más explicaciones para no chafarme la sorpresa. Esto es lo que pasó.

miércoles, 11 de septiembre de 2013

Aventuras y desventuras de un pobre desgraciado I


La verdad es que tengo bastantes cosas que contar, pero entre el caloruzo que hace, los cortes de luz y ahora también los cortes de agua, no acabo de ponerme. Pero bueno, aquí os narro el tortuoso camino que me condujo a las vacaciones de verano.

lunes, 26 de agosto de 2013

Recuerdos del último Ramadán



Este año solo he pasado en Libia los primeros tres días del Ramadán, y no he intentado ayunar ni uno. Sin embargo, y de forma inevitable, he vivido los preliminares, y me he pasado después los tres días sin comer, beber ni fumar en público. 

Haciendo memoria, hay un par de cosas que me han llamado la atención durante esas dos semanas de tremenda anticipación, así que aquí os las pongo.

domingo, 30 de junio de 2013

Papá Estado



Libia ha sido durante los cuarenta y dos años de Gadafi un Estado de inspiración socialista, basado en lo que se llamó Socialismo de la Tercer Vía. El ideario de tan ínclita corriente política se detalla en el Libro Verde, algo así como la Biblia del régimen.

No pienso ponerme a explicar en qué consistía exactamente dicha filosofía, sino comentar una parte de ella que sigue vigente: La subvención estatal. 

jueves, 27 de junio de 2013

Haciendo el bereber IV



Eran las seis de la mañana, los mosquitos se estaban poniendo morados con mi inocente sangre, en la habitación hacía un calor infernal… empapado en sudor, me levanté, vi a Hakím durmiendo en el otro extremo de la alfombra, y salí a la calle.

Había amanecido ya. Fuera, el ambiente era fresco y soplaba un poco el aire. Mi único acompañante en el exterior era el dromedario, que seguía viendo pasar las horas en la misma posición del día anterior.

viernes, 14 de junio de 2013

Homeless Rats



El otro día me terminé mi primera novela Libia, se trata de esta:




Puedo decir con satisfacción que este libro me puso a la altura del libio medio. ¿Por qué digo esto? Cuando lo vi en la librería, automáticamente pensé que trataría de la revolución, ya que Gadafi llamó ratas a los manifestantes, término del que estos, después, se apropiaron con orgullo; pues bien, cada vez que se lo he enseñado a algún libio, este ha reaccionado igual que yo: ¿Homeless Rats? ¿De qué trata, de Gadafi? ¿De la revolución?

Mi gozo, sin embargo, se fue rápidamente al pozo. Compré el libro sin comprobar nada más que la nacionalidad libia del autor, y después, ya en casa, vi que no trataba para nada sobre la revuelta. Suspiro.

Os cuento (sin demasiado spoiler) la trama de la novela.

miércoles, 29 de mayo de 2013

Haciendo el bereber III



Nos habíamos quedado organizando el trayecto hacia la convivencia bereber de Wifat, otra pedanía de Jadu. El encuentro era uno de los actos centrales de todo el Festival Amazigh, y Omar, el almuédano que se había convertido en nuestro chófer, se ofreció a llevarnos hasta allí y a traernos después de vuelta.

Cuando llegamos a Wifat, nuestra primera parada fue la mezquita. Esta vez pasé de preguntar a nadie y entré directamente con Omar y Karím, me senté al fondo y estuve hojeando un Corán. He vivido para contarlo.


martes, 28 de mayo de 2013

Bajón lingüístico



Me daba ayer un paseo por el barrio de Ben Aashur, cuando descubrí una tienda enorme, llena de especias, miel, aceite de oliva y otras cosas. Como me estaba quedando sin aceite, y el que se produce aquí es muy bueno (por mérito de la ocupación italiana y sus olivares, a los árabes no se les ocurrió probar en mil cuatrocientos años de ocupación), me pasé a preguntar si tenían aceite nacional:

-         La paz sea contigo.
-         Y contigo sea la paz.
-         ¿Tiene aceite?
-         Sí.
-         ¿Libio?
-         Sí.
-         ¿De dónde exactamente?
-         Nueve dinares el litro y medio.

Quiero creer que me tocó un dependiente algo sordo.

martes, 30 de abril de 2013

El viernes, misa y paella



Todo empezó hace algunas semanas, sentados los amigos junto a la tienda de Abu, en la Calle Blanca. Uno de ellos, Ahmed, me preguntó si conocía baila.

-         ¿Baila?
-         Baila – me quedé muy confuso; la palabra baila designa en árabe al síndrome de down, y en castellano ya sabéis.
-         ¿Qué quieres decir?
-         Baila, la comida española, arroz con marisco.
-         ¡Paella! – acabáramos - ¡claro que la conozco, y bien buena que está!
-         ¿Y sabes cocinarla?
-         Hombre, pues…
-         No se hable más; el viernes que viene nos vamos a mi granja y nos comemos una paella.

Ya estaba liada. Lógicamente, no podía negarle tan pequeña cosa a mis amigos de aquí, los mismos que me llevan de paseo aunque apenas hablo, que me ayudan cuando lo necesito, y que le dan color a la rutina diaria; sin embargo, he hecho tan solo tres paellas en mi vida, y las tres con los ingredientes adecuados, sin presión mediática y con una paellera…

Como no podía ser de otra forma, me declaré entusiasmado por la idea, y rápidamente me puse a buscar una receta sencilla en internet.


lunes, 22 de abril de 2013

Haciendo el bereber II



Karím accedió finalmente a rezar, y yo, aun a sabiendas de que mi presencia no era requerida, estaba lejos de resignarme a esperar en la puerta y perdérmelo todo.

viernes, 12 de abril de 2013

Hasta San Antón, Pascuas son



Estaríamos a diez de enero cuando volvía yo del trabajo a casa. Me llamó la atención un hombre que colocaba multitud de arbolitos frente a su tienda y, al acercarme más, descubrí que no eran unos árboles cualquiera: ¡eran árboles de navidad!

Como en Libia puedes hablar con quien quieras y cuando quieras (siempre y cuando no se trate de una mujer), me dirigí a él sin más:

-         ¡AsSalam aalekum!
-         Wa aalekum assalam.
-         ¿Qué haces? ¡La navidad ya ha pasado!
-         Ya lo sé, ¿por?
-         Bueno, esto son árboles de navidad.
-         ¿Esto? No
-         ¿Cómo que no?
-         Esto son árboles para el maulid.
-         ¿En maulid se ponen árboles en las casas?
-         Sí.

Efectivamente, dear acompañantes, lo de poner un abeto en el salón para llenarlo de luces y estrellitas no es una tradición centroeuropea, qué va. Eso son tonterías que nos inventamos en el mundo occidental. Los árboles de navidad son en realidad árboles de maulid.

domingo, 17 de marzo de 2013

La tríada gastronómica II


La segunda sesión gastronómica con Abdulsalam, Abubakr y Hisham resultó más accidentada que la primera.

Todo comenzó a torcerse cuando Abubakr anunció que no podría acompañarnos el viernes, ya que tenía un compromiso en su pueblo; ante eso, Hisham propuso posponer la cita para el sábado. A mí se me encendieron todas las alarmas, ya que el sábado trabajo, y ya sé cómo se las gastan los libios con los horarios. Pedí que lo dejáramos para la semana siguiente, a lo que Hisham se negó:

-         Pero Hisham, yo el sábado trabajo, de hecho tengo clase con vosotros.
-         Claro, comemos y vamos todos a clase.
-         No, pero yo tengo que estar antes, entro a las tres.
-         ¿A las tres? ¡Pero si la clase es a las cuatro y cuarto!
-         Ya, pero tengo que preparar cosas. Y aunque no fuera así, es mi horario de trabajo, y tengo que ir a la hora que tengo que ir.
-         ¿Y no puedes avisar de que vas más tarde?
-         (conteniendo un suspiro) No, Hisham, tengo un horario de trabajo, y no puedo cambiarlo porque me voy a comer con los amigos.

jueves, 14 de marzo de 2013

Botellón de muerte


Ya os he hablado alguna vez del bokha (léase boja), la bebida alcohólica tradicional libia. He visto ya innumerables versiones del asunto: olor a orujo, olor a anís, olor a infierno, lo único invariable es el color, transparente.

¿A qué se deben esos cambios tan radicales? No a la inquieta alma destilera del pueblo libio, ciertamente, sino a que el bokha se fabrica en casa, y se hace con lo que se tiene a mano. Debido a esto, andamos de luto por estos lares.

miércoles, 13 de febrero de 2013

Cariño, traigo invitados a cenar


La hospitalidad árabe es proverbial, y Libia no hace sino confirmar el tópico. Si un libio os invita a su casa, ya sea para comer, cenar o dormir, durante el tiempo que paséis en su casa seréis los amos del cotarro, y los habitantes del lugar, vuestros sirvientes (o, mejor dicho, sirvientas, ya que el hombre invita y la mujer trabaja).

A grandes rasgos, la invitación a comer suele transcurrir así: uno se descalza en la puerta y es conducido al salón, toma asiento, y se cierra la puerta; al poco rato, alguien llamará, el anfitrión saldrá, y reaparecerá portando mágicamente una bandeja con dulces, frutas, té, leche, dátiles, cualquier tipo de aperitivo. Tras pasar algo más de tiempo, llamarán nuevamente a la puerta, indicando que podemos salir al comedor.

Al entrar a la casa ya estuvimos en el comedor, y su mesa (o alfombra) estaba vacía, pero ahora está repleta de comida y bebida; damos buena cuenta de lo que las mujeres de la casa han preparado, y volvemos a la sala de estar, cuya puerta cerraremos, y esperaremos pacientemente a que una mano invisible llame, anunciando la llegada del postre, generalmente fruta.

Tras un rato de charla, nos retiramos educadamente, y podremos apreciar que la mesa (o alfombra) del comedor vuelve a estar despejada, como si nada hubiera pasado. Uno se pregunta si los libios conviven con mujeres o con elfos domésticos.

Todo esto está muy bien, pero ¿qué pasa si se da la situación contraria? ¿Qué ocurre cuando el europeo es anfitrión, y los libios invitados?

Hace un par de días tuve ocasión de comprobarlo, ya que invité a cenar a mis amigos Ghaleb, Ahmed, Mohamed y Karím.
  

lunes, 4 de febrero de 2013

La tríada gastronómica I


1 de marzo

Hoy he vivido el primero de una serie de tres encuentros con un único objetivo: determinar cuál es el plato típico más sabroso de Libia. Los instigadores de semejante competición, en la que yo soy el improvisado árbitro, se llaman Abdulsalam, Abubaker y Hisham, y los tres son alumnos míos.

domingo, 3 de febrero de 2013

Maqueando el piso IV


La mañana de autos me levanté a las siete de la mañana, media hora antes de la cita acordada con Haiter. Seguro como estaba de que este llegaría como pronto a eso de las ocho (Libia y los horarios, ya sabéis), me fui a desayunar al bar de abajo.

El desayuno tradicional de los bares libios consiste en lo siguiente: café, zumo de naranja o batido de frutas (fresa, mango o plátano), y como plato fuerte bien croissant con chocolate, miel y almendras, o bien sándwich de queso o atún; yo suelo decantarme por el croissant, que aquí llaman biriosh (brioche, se entiende).

Estaba apurándome el café cuando Haiter llamó, a eso de las 7:35, y no llamó antes porque no le daban la furgoneta. Piensa mal y fallarás.