Hace unos diez días,
un nutrido grupo de personas, muy enfadadas con el dichoso tráiler-film-casting-lo-que-sea
La inocencia de los musulmanes, se acercó hasta las oficinas de la
embajada estadounidense en Bengasi; entre ellos había bastantes extremistas islámicos
que, no contentos con protestar, quemaron lo que pudieron y mataron a cuatro
personas, entre ellas el embajador de Estados Unidos (vale, es una crónica
hecha un poco a la ligera, pero creo que se acerca bastante a lo ocurrido, máxime
cuando nadie parece capaz de describir a ciencia cierta lo ocurrido).
En Europa saltaron
todas las alarmas: el integrismo islámico se expande con más fuerza que la
primavera árabe, con la mezquita hemos topado… yo, que como buen inmigrante en
Libia me hice eco del suceso, también estaba preocupado; sin embargo, albergaba
la esperanza de que viéramos un efecto rebote, de que semejante salvajada
despertara a la gente y al gobierno, y se recondujera la situación por un
camino más productivo.
Pues bien, a lo
mejor hasta tenemos que darle las gracias a los que hicieron la dichosa peli.
La semana siguiente
no trajo gran cosa; el Congreso Nacional ha elegido como presidente a Abushagur
como primer presidente de la Libia democrática, y, pese a condenar el ataque,
se le veía más atareado en formar gobierno que en actuar, algo comprensible,
pero censurable.
¿Por qué digo que
censurable? Porque algo se movía en la calle, en la calle sí. No hablo de
grandes protestas, manifestaciones o disturbios; sí que se han visto pancartas
en Trípoli, pero discretas. Hablo de la gente, del boca a boca, de escuchar las
conversaciones y oír siempre lo mismo (Bengasi, problema, eso no es Islam,
no está bien), de toda la gente que conozco hablando mal de los barbudos,
de todos los tenderos, taxistas, estudiantes, todos hartos de vivir en un país
donde manda cualquiera que se ponga un pantalón militar y saque el kalashnikov.
Todos hartos, el gobierno, quieto.
Hasta el viernes.
El viernes, el pueblo salió a la calle.
En Trípoli hubo una
manifestación importante, pero no multitudinaria. Ante las medidas de seguridad
y las embajadas cerradas, la gente salió a la calle a decir no al caos, no a la
inseguridad, y no a los locos de la religión, que aquí llaman barbudos (en árabe,
o en libio, se dice Juan, los lo juro que me enteré ayer). En la capital
no hubo ni una sola bandera yanqui quemada, solo personas diciéndole a los que
tienen que actuar que lo hagan de una vez. No mucha gente, ya digo, pero aun así.
En Bengasi fue otra
historia. La marcha de Bengasi fue histórica, secular e ilusionante, quizás un
punto y aparte en la historia de este país, un grandola vila morena a la
libia. Allí fueron treinta mil personas, que en una ciudad como Bengasi son
muchas, las que salieron a la calle para pedir que se acabe con las milicias y
que los extremistas se vayan a rezar a misa. Treinta mil personas mostrando la
otra cara del país, la que no sale nunca en los periódicos, la de los creyentes
fervorosos que no viven en el siglo VII ni en una yihad, que al final, aunque muchos
no lo crean, son la mayoría.
Pero es que no se limitaron
a gritar consignas, no; realmente hartos, los bengasíes (el gentilicio me lo he
inventado, si aún no existe uno, igual la RAE me lo compra y me hace
millonario), realmente hartos, digo, los bengasíes se fueron al cuartel general
de la milicia islámica Ansar Al-Sharia (no hay pruebas, pero parecen
andar detrás de muchos desmanes, ataque a la embajada incluído), y los echaron
de allí, procediendo luego a quemar el local; es la parte triste, en la lucha
cayeron al menos diez personas, y lo de quemar edificios no es de recibo, pero
maldita sea, un montón de simples ciudadanos, desarmados y cabreados, se
pusieron a hacer el trabajo que sus gobernantes llevan un año dejando para
después, y lo hicieron: la milicia se tuvo que dispersar, abandonar un hospital
que también controlaban, y ayer anunciaron su disolución.
El gobierno, por su
parte, ha actuado finalmente: anoche dijo el portavoz Magarief que, tras una
reunión entre los jefes de las milicias bengasíes (cuanto más lo escribo, más
me gusta) y el presidente Abushagur, se había llegado al acuerdo de que las
milicias se disolverían, ocupando sus funciones el ejército y/o la policía. Lo
mejor del asunto es que hay un plazo: las próximas 48 horas. No es que los
plazos no se puedan romper, es que, en Libia, si no se pone plazo es como decir
queremos que hagáis esto, pero en el fondo nos da igual si no lo hacéis.
El fin de las
milicias es extensivo a Trípoli, y al resto de la nación. En zonas donde el
gobierno no es nadie, el proceso será más complicado, e incluso es probable que
en Trípoli tengamos un par de días moviditos, pero no importa: el cambio que se
inició el 17 de febrero de 2011 acaba de renovarse.
Es posible que no salga
bien, es incluso posible que todo quede en agua de borrajas, pero lo dudo.
Después de la marcha de Bengasi, es difícil que haya marcha atrás, el pueblo ha
hablado, se ha quitado de encima a los fanáticos que más ruido hacían, y otros
parecidos han tomado la misma decisión algunas horas después; la milicia ilegal
que patrullaba la carretera del aeropuerto de Trípoli ha sido desmantelada esta
tarde, y mi calle estaba de fiesta por la noche. La máquina está en marcha.
Hoy podemos decir
que las marionetas han movido a los titiriteros, al revés de lo que suele
ocurrir; como han hecho hace dos días los portugueses, como, igual, deberíamos
hacer muchas otras marionetas. Yo, de momento, me contento con mi postura de
inmigrante observador, y me limito a soltar un esperanzado mía mía, nas libi.
me encanta este post! es acojonante como nada de esto salga en los periodicos europeos...
ResponderEliminarmia mia nas libi!!!!!!!!!!!!!!(me imagino sea algo bonito...)
Hombre, algo se ha leído, al menos en El País... pero sí, ni de lejos se le ha dado la repercusión que merece, cuatro barbudos han hecho mucho mas ruido que una ciudad tomando las riendas de la libertad, pero en fin.
ResponderEliminarmia mia es algo así como "genial", pero suena mucho más guay, significa literalmente "cien por cien". Nas libi significa gente libia. Una traducción pasta-mandolino seria "bella, gente libica", creo.
No t acerques mucho a la embajada española!!! Q lo mismo te arden!! Q a los de El Jueves les ha parecido que era un buen momento para hacer una tira cómica de una rueda de reconocimiento para ver si alguien sabe cómo es El Profeta
ResponderEliminarJaja, ya, ya me enteré. Por suerte la embajada me pilla lejos, pero bueno, aun así todo está tranquilo, la gente no parece haberse enterado del asunto, a ver qué pasa hoy...
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