martes, 17 de julio de 2012

Nos leemos


Queridos acompañantes, he de confesaros que, durante las últimas dos semanas, una conjunción de circunstancias atenúan mis ganas de escribir: me refiero sobre todo a las ganas locas de vacaciones que tengo, y a esa deliciosa oscilación de temperaturas entre 25 y 44 grados que nos gastamos por aquí, dos detalles que, cómo decirlo, alteran mi equilibrio emocional.

 Es por esto que he decidido iniciar ahora el paréntesis veraniego, en principio planeado para el mes de agosto, ya que no quiero correr el riesgo de publicar entradas indignas de tan excelsos lectores y lectoras como vosotros y vosotras. Ya sabéis, en verano no se vende Ferrero Rocher, pues el calor estropearía su calidad, y vuestro paladar es exigente.

Las Crónicas Libianas volverán en algún momento anterior a la feria de Albacete, más o menos cuando el final del verano, del Dúo Dinámico, comience a sonar en Cadena Dial; y no temáis, vendrán cargaditas: cómo sobrevivir a una temperatura media de cuarenta grados, qué se siente ayunando en el ramadán, cómo organizaron los libios sus primeras elecciones libres en más de medio siglo… y muchas cosas más, cosas de las que aún no tengo ni idea, la maravilla de vivir en medio de lo desconocido, aunque cada día lo sea un poco menos.

Así pues, me despido por ahora. A muchos os veré pronto, de lo cual me alegro. A muchos no podré veros, a vosotros os mando un fuerte abrazo cibernético. A algunos, parece, no os conozco, vayan mis saludos también. Gracias a todos por estar conmigo en este viaje, por vuestros comentarios, vuestras felicitaciones, por vuestra silenciosa compañía también. Así da gusto.

Dejo una canción muy animada y veraniega como pequeño regalo, una canción de un buen amigo mío al que también le gusta contar historias.

Os deseo el mejor de los veranos, nos leemos a la vuelta.


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