La mañana de autos me levanté a las siete de
la mañana, media hora antes de la cita acordada con Haiter. Seguro como estaba
de que este llegaría como pronto a eso de las ocho (Libia y los horarios, ya
sabéis), me fui a desayunar al bar de abajo.
El desayuno tradicional de los bares libios
consiste en lo siguiente: café, zumo de naranja o batido de frutas (fresa,
mango o plátano), y como plato fuerte bien croissant con chocolate, miel y
almendras, o bien sándwich de queso o atún; yo suelo decantarme por el
croissant, que aquí llaman biriosh (brioche, se entiende).
Estaba apurándome el café cuando Haiter
llamó, a eso de las 7:35, y no llamó antes porque no le daban la furgoneta.
Piensa mal y fallarás.